Relatos de Falco

Jun 06, 17 Relatos de Falco

VISIÓN ESPIRITUAL

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Falco Tarassaco era un visionario, un artista ecléctico, una fuente de inspiración sin igual. De sí mismo decía que había venido del futuro para construir un futuro mejor, y a este propósito dedicó toda su vida (ahora continua desde otro plano…). Si reía de quien pensaba que era un fanfarrón y ofreció lo mejor de sí mismo a aquellos que le siguieron en la aventura de crear Damanhur y los Templos de la Humanidad.

Portó su conocimiento de muchas maneras diferentes: a través del juego, del humorismo, del teatro, de la escuela de meditación… En sus últimos días transmitió la dignidad de vivir intensamente hasta el final de sus días centrado en su misión: crear un nuevo plano de realidad, una alternativa fuerte al tiempo deshilachado e incierto que podemos entrever delante de nosotros.

Uno de las maneras con las que nos hacía reflexionar era a través de las historias, metáforas que nos abren a nuevas comprensiones. Esta es una de ellas.

LA HISTORIA DE LA HORMIGA

“Entonces,  una hormiga que descubrió el fuego, portó la noticia de su gran hallazgo a la reina y a sus compañeras.
Por supuesto no la creyeron, y todos los insectos, invitados y atraídos por este entusiasta, fueron al lugar del milagro, pero, ay, nada ya resplandecía, nada ya ardía delante de la mágica gota que poco antes hizo de lente, concentrando los rayos del sol sobre un montoncito de hojas secas.
La pequeña hormiga fue víctima de bromas y escarnio por parte de sus compañeras, y castigada por la reina.

Al día siguiente, un bonito día de sol, la hormiga se fue a meditar delante de una gota de rocío, que pendía como un fruto luminoso y maduro de un largo tallo de hierba.
“Y allí todavía”, observaban a poca distancia algunos insectos que, riendo, aún se burlaban de ella. Verdaderamente no sabían bien por qué habían acudido allí: un poco por curiosidad, un poco porque les atraía el misterio.

La hormiga probó, intentó de nuevo poner pedacitos de hoja como votos ofrecidos frente a la gota, pero no sucedía nada. Rezó, esperó. El tiempo pasó y el sol subía cada vez más alto en el cielo.
Varias compañeras curiosas se cansaron de esperar y se fueron, otras llegaron y estaban a su alrededor, fascinadas por sus palabras de plegaria. Algunas incluso llevaron ramitas y trozos de hojas secas con ella.

También ella estaba ahora ya cansada; cuando el sol alcanzó la posición exacta los rayos se agruparon y un pálido hilo sutil de humo emanó torpemente del montoncito. Sincrónicamente se encendió una llama con un golpe ligero de viento.
Quien se reía enmudeció. Quien colaboró con fatiga al extraño trabajo de la pequeña hormiga redobló sus esfuerzos.
Esta vez otras asistieron al milagro y a todas fueron a contar que era verdad, era verdad, ¡el sol apareció sobre la tierra! Pero cuando llegaron la reina y el resto del hormiguero ya no sucedía nada.
No sabiendo controlar ellas mismas su fuerza, dejaron apagar el fuego: quedó solo un montoncito de ceniza, símbolo y “vibhuti” para las hormigas convertidas a la Nueva Fuerza.
Pasó otro día: nubes oscuras corrían por el cielo, escondiendo el sol. Todas las hormigas esperaban la hora mágica en la que el fuego sagrado se encendería milagrosamente, pero el cielo se hizo cada vez más oscuro. A la hora predestinada no sucedió nada.

Entonces muchas hormigas que habían abrazado la Nueva Fuerza renegaron de su fe y se metieron a la cabeza de aquellas que más violentamente se arrojaban o instigaban a otras contra la hormiga y los pocos fieles que quedaban.
La portadora de la idea del fuego trató de explicar por qué no era la hora del milagro, que el sol era el generador de todo, pero fue solo escarnecida y perseguida.
En los días sucesivos descubrió que, subiendo sobre un hilo de hierba y usando hilos de telaraña, era posible cambiar la posición de la gota con respecto del sol.

Aprendió, con la ayuda de sus compañeras, a llevar gotitas de agua en hojas replegadas para formar gotas más grandes donde se necesitaba, descubrió lugares más soleados y como poner en el centro de los rayos concentrados ramitas sutiles y bien secas, como secarlas en el viento, como comprimirlas bien y como dar aire con pedacitos de hojas para dar mayor fuerza al fuego…”

continuará…

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