Cómo iniciamos la excavación en el Templo de la Humanidad

Aug 24, 17 Cómo iniciamos la excavación en el Templo de la Humanidad

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Condor Girasol es uno de los fundadores de Damanhur. Con Falco Tarassaco y unos pocos más, ha sido uno de los primeros en dar vida al sueño llamado Damanhur.

En los años setenta, cuando tenía 26-27 años, Condor estaba buscando un camino espiritual y tenía preparada la maleta para irse a la India, con el pensamiento de que Occidente no podía ofrecerle ningún significado a su punto de vista.

Invitado por un amigo, asistió a una conferencia de otro joven, Oberto Airaudi, y quedó estupefacto. Cuando le oyó hablar sobre el despertar de las capacidades paranormales, del despertar de la chispa divina que vive dentro de cada ser humano, le resultó familiar. Condor decidió no dirigir su maleta a la India, sino a Damanhur.


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Condor en Damanhur se ha ocupado de muchísimas cosas: ha excavado los templos, ha escrito muchos libros, ha hecho el camino monacal por tantísimos años y hoy es uno de los Tres Sabios de Damanhur, es decir, las personas que Falco ha encargado salvaguardar la visión espiritual de Damanhur.

Le preguntamos: “¿Cómo fue la construcción de los Templos de la Humanidad en aquellos primeros años?”

“La Puerta del Sol, es decir la casa que custodiaba la entrada a los Templos de la Humanidad, en aquel período (1978) era muy distinta a como la vemos hoy: era una caseta muy simple, en cuyo lateral había un prado verde con una valla. Habíamos comenzado las veladas (seratas), semanalmente, con Falco en torno al fuego: eran veladas muy bellas donde hablábamos de todo, desde el significado de la vida, de los talentos a despertar, hasta de las divinidades…
Una tarde, alrededor de las 4 ó 5 horas, creo recordar que era domingo, nos encontramos con Falco detrás de la casa y comenzamos, en su presencia, a excavar la tierra, con picos y cubos para llevarnos lo que encontráramos allí. No recuerdo que Falco dijera otra cosa que:

“Ahora comenzemos a excavar en la montaña”.

A todos los presentes se les dio rápidamente una tarea a realizar. Después del inicio, que fue muy fácil, se encontró la roca y recuerdo que decidimos, de repente, organizarnos para excavar también de noche. Era un trabajo muy dedicado, dormíamos en la terraza cubierta, adyacente a la casa: éramos una decena de personas y fuimos durante 15-20 días de modo ininterrumpido. Estábamos en agosto, período de vacaciones. Sentíamos una gran emoción, alimentada por un gran sueño y una gran expectativa, aunque no sabíamos qué habría sucedido en el tiempo y no imaginábamos con certeza, que se convertirían en los Templos de la Humanidad.

Empezamos con un pasillo y después creamos el Templo Azul. Cuando excavábamos esta sala, la cantidad de materiales que sacábamos era mucho mayor que los del pasillo. De esta forma llegamos a la primera gran conquista: el Templo Azul, que a nosotros nos parecía grandísimo. Fue increíble, fue una emoción muy fuerte.

Excavar ha sido un ritual simbólico importante, que ha creado una unión fuerte entre nosotros y ha hecho aflorar de la montaña un sueño, sentido por todos, de una forma similar y fortísima. El hecho de que fuese un secreto sólo nuestro, algo que duró por muchos años, ha creado dentro de nosotros un elemento alquímico importante, se podría llamar…  Amor por un Sueño.

 

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