Un tesoro enterrado, la experiencia de Elena

Sep 13, 17 Un tesoro enterrado, la experiencia de Elena

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Hace cuatro años, en septiembre del 2013, supe de la existencia de Damanhur e, incluso antes de que estar allí físicamente, sentí dentro de mí una sensación nueva, como si un motor inmenso, con engranajes increíblemente complejos, por fin se hubiese puesto en marcha. Fue como si hubiese podido ver con claridad el polvo que se levantaba a causa del movimiento de cada parte oxidada. La misma sensación que, imagino, se pueda tener al rescatar valiosos restos de un naufragio del fondo del océano.

Arena, barro, desprendimientos de lo circundante… cualquier tipo de escenario inestable, que sin embargo contribuye a recuperar a la vida a un tesoro enterrado.

Cuando escucho a algún damanhuriano afirmar que su elección de vida ha sido dictada por la urgencia de responder a la “llamada”, me giro con alegría hacia la imagen del barco naufragado cargado de tesoros: ¡Cualquiera usaría toda la energía concedida con tal de sacarlo de nuevo a la luz!

Mirad, el tesoro enterrado no es solo un bien personal, es una riqueza que concierne hasta a cada infinitamente pequeño átomo de este maravilloso y maltratado planeta.
Creo firmemente que en la vida de cada ser humano hay muchas ocasiones de abrirse a la consciencia, momentos en los cuales todo de repente parece claro, incluso obvio.
¿Qué hace falta en esos momentos? Nos sirve el coraje para cambiar, el coraje de hacerlo, de actuar.

En la escuela damanhuriana todos conocen la línea de demarcación que separa a los que, durante toda la vida, no hacen más que buscar y a aquellos que, por el contrario, ¡deciden encontrar!

Es una lección que me ha llevado de vuelta al pupitre de la escuela, al infierno de Dante, “No fuisteis hechos para vivir como brutos, sino para perseguir la virtud y el conocimiento”.
También podemos cerrar los ojos, hacer como que no existe, pero nuestra conciencia nos impele a despertar esa chispa divina contenida dentro de nosotros.

Esto es lo que he encontrado en Damanhur hace cuatro años: la consciencia para sacar a la luz ese tesoro escondido dentro de mí.

El nuestro, es un pueblo rico con muchos matices de colores: hay mujeres, hombres, artistas, sanadores y sanados, amantes de la vida y oficiantes de sus rituales y ritmos.
Con el tiempo, estoy aprendiendo a no buscar la perfección en mis hermanos, a no juzgar las debilidades personales porque todos luchamos a diario contra nuestros límites, observándolos, acogiéndolos para luego amarlos, tratando así de superarnos a nosotros mismos.

Lo que adoro de ellos es ver reflejado en sus ojos mi mismo sueño: juntos estamos aprendiendo a amar, juntos sentimos que el tesoro enterrado está a cada instante un poco más cerca de la superficie.

 

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