¿Cuántos agujeros tiene un anillo?

Nov 17, 17 ¿Cuántos agujeros tiene un anillo?

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Gnomo Orzo es uno de los apasionados investigadores, además de instructor, de los cursos sobre Física Espiritual, un vasto campo de investigación que explica el nacimiento de las formas y la vida, desde el punto de vista de las energías espirituales que permean el universo. En Damanhur, la búsqueda que se hace fuera de ella misma, es siempre un camino que conduce a nuevos descubrimientos dentro de sí misma.
Curiosos por conocer su historia, hemos entrevistado a Gnomo para que nos hable sobre las metas que ha alcanzado en estos años de estudio y para descubrir como se ha acercado a las leyes de esta ciencia paralela.

¡Con te Gnomo! ¿Cómo nació tu pasión por la Física Espiritual?
El 22 enero del 1980 yo cumplía nueve años y aún estaba firmemente convencido que un día sería capitán de una nave espacial. No tenía preferencias específicas, me valía tanto serlo del Arcadia de Capital Harlock como del Enterprise del capitán Kirk. Lo que me importaba era el destino: volver a casa en Antares. Pero ay de mí, ya empezaba a tener dudas sobre si sería capaz de lograrlo.

Después de un tiempo me concentré en otro objetivo, que era mucho más accesible y que tuve en mis manos: un libro muy particular que yo deseaba. Nadie de aquellos a los que se lo pedí parecía que quisiese atender mi demanda, excepto mi tío, que llegó un día con el regalo más bonito que jamás había recibido (si se excluye obviamente el de la nave espacial).
Todavía me acuerdo: tapas amarillas y título negro, un sobrio estilo de una edición de bolsillo adecuada para ese libro. Lo leí durante meses, lo releí, sin entender ni una palabra. Leía y releía aquellas palabras que me parecían manchas indiferenciadas de tinta lanzadas allí, sin ningún sentido. Pero eso no me importaba nada, era fantástico tener entre las manos “La Teoría Concentrada de la Relatividad” de Albert Einstein. “Será concentrada porque el libro es pequeño”, pensé para mí.

Muchos años después conocí Damanhur y a Falco Tarassaco. Él ha sido la persona que me ha ayudado a conciliar aspectos de la vida que dentro de mí no parecían tener ningún nexo común, como el espíritu y la materia, lo sagrado y lo profano, las divinidades y la tarta de merengue a la nata.

Él ha acercado la física moderna a la tradición de misterios y según mi opinión, nos ha brindado las claves que nos permiten hacer las paces con nuestra historia antigua.

Cuando en los años 90 empezó a debatir con nosotros las que, hipotéticamente, podrían ser las leyes fundamentales de nuestro universo, me enseñó como todo puede ser reconducido a una única fuente y que nada está separado. Decidí probarlo en serio y le pregunté si yo podía enseñar lo que él me había ayudado a descubrir. Me arrepentí enseguida de eso, porque me tuvo durante dos horas allí clavado, contestando preguntas realmente imposibles. Salí destruido y desalentado. Me dijo de probase a enseñar, pero que no dejase de confrontarme con  otros investigadores y con él, 25 años después, me alegro de haberme “metido en líos”.

En estos días se ha publicado tu primer libro, fruto de la búsqueda en el campo de la Física Espiritual…

Mientras escribía “¿Cuántos agujeros tiene un anillo?” durante todo el 2017 me llegaba constantemente la sensación física, el olor de papel y algunas páginas de aquel texto esotérico, el libro de Einstein, algo fascinante y absolutamente incomprensible.

Ahora bien, en los últimos veinte años, enseñando la física damanhuriana por todo el mundo, me he dado siempre cuenta de que hoy, a la ciencia no le interesa en absoluto que el universo sea comprensible para todos. Como si este conocimiento fuese solo para unos pocos, constantemente ocupados en buscar la complicación en vez de la complejidad.

Yo he escrito este libro porque lo que me ha enseñado y demostrado Falco Tarassaco es que el universo es más simple y más cercano a nosotros de lo que se pueda imaginar. No hace falta una lanzadera espacial para alcanzarlo, basta con un espejo. Esta conciencia me ha permitido empezar a mirar el mundo con ojos completamente diferentes.

Hoy, observándome a mí mismo, a los otros, una piedra o una estrella, ya no consigo imaginar que se traten de cosas separadas y ya no logro creer que lo que veo con los ojos sea objetivamente verdadero. Afortunadamente, vivo desde hace treinta años en Damanhur, un lugar en el que las certezas son como los lego: pequeños ladrillos que constantemente recolocamos para construir cosas nuevas. Así, en lugar de volverme loco, todo esto me ha hecho más feliz.

 

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