La física del abejorro

Apr 03, 18 La física del abejorro

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

La totalidad de los fenómenos que se describen en magia, tal y como nos han llegado de los escritos y relatos del esoterismo, son detallados y explicados (para los no expertos) por la Mecánica Cuántica. Podríamos decir que la mecánica cuántica y la magia comparten iguales fenómenos, explicados de forma distinta. La diferencia sustancial, es que la mecánica cuántica solo se ocupa, al menos aparentemente, de fenómenos que ocurren a nivel sub-atómico, mientras que según la magia también pueden producirse en la vida cotidiana. ¿Un ejemplo? Si quieres atravesar una pared sin pasar por una puerta, con la magia puedes hacerlo. A nivel cuántico la misma cosa le puede suceder a una partícula gracias al efecto túnel.

¿Y entonces? ¿Tengo que hacerme pequeño como un electrón para ser un mago?

¿Cómo es posible que la tradición esotérica conociera tan bien fenómenos que han sido descubiertos en 1900, gracias a las intuiciones de Planck y al ingenio de Einstein que, a su pesar, dieron nacimiento a la Mecánica Cuántica? Estas dos preguntas han dado lugar a muchos libros y teorías en los últimos cuarenta años y, probablemente, provocarán en los próximos años una verdadera revolución en el campo del conocimiento, como no se ha producido desde los inicios del siglo XX. Pues sí, porque a pesar de los múltiples descubrimientos colaterales, un terremoto como aquél que sacudió la física a principios del 1900, usando las palabras de George Gamow, no ha vuelto a ocurrir. No existe nada realmente nuevo, hoy en día, similar a lo que fueron aquellos descubrimientos.

La materia es igual a cero
Pero lo cierto es que algunas sacudidas de advertencia ya han hecho oscilar los sismógrafos de la razón. Bastantes sacudidas, en verdad, partiendo del hecho de que, a día de hoy, la astrofísica tiene que convivir con el hecho probado de que la materia total del nuestro universo es igual a cero. Si esta constatación produjera en cascada otros desastres como la demolición del concepto de causa-efecto, hijo del imperio romano y los monoteísmos, entonces, se podría tomar conciencia fácilmente del hecho de ser, cada uno de nosotros,  más pequeños que un electrón y por lo tanto poder influir en nuestro pensamiento y atravesar los muros sin ninguna dificultad. Sí, porque empezar a tomar conciencia del hecho que la materia no existe en sí misma, sino que es una proyección de nuestros sentidos, nos llevaría a la posibilidad de decidir en qué realidad queremos vivir, sin condicionamientos.

De forma similar al abejorro que, ignorante del hecho de que su cuerpo desafía las leyes básicas de la aerodinámica, no se deja influenciar por ello ¡y vuela!

 

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