Soñar o no soñar

Jul 26, 18 Soñar o no soñar

 

 

 

Cómo extender la vida 
Puede parecer una broma, pero no lo es: para alargar nuestra vida, haciendo que la calidad aumente junto con la duración, basta con aprender a soñar.
En el mundo de los sueños estamos, cuando todo va bien, de espectadores, y luego durante el día nos divertimos tratando de recordar lo que hemos hecho y preguntándonos si tiene algún significado. Cuando va mal, tenemos pesadillas y experimentamos angustias nocturnas que después durante el día siguen afectando nuestro estado de ánimo, si es que nos impresionaron mucho. Cuando no va ni bien ni mal, no soñamos o, mejor aún, no recordamos de día lo que soñamos por la noche: el ojo no ve y el corazón no duele, en este caso el cerebro no recuerda y el estómago no se mueve.
Sueño y vigilia son dos dimensiones reales, ambas, y la del sueño no es secundaria respecto a la vigilia, como a veces pensamos.

Una actividad preciosa…
El hecho de que en la actividad onírica se procesan elementos que hemos experimentado durante el día, como si digiriéramos el alimento emocional del que nos hemos nutrido, es hoy día un dato aceptado por todos. Durante el día llevamos a cabo nuestra vida cotidiana, hecha de eventos más o menos felices, más o menos fuertes, y luego durante la noche los analizamos, a través de nuestro inconsciente, y los colocamos dentro de nuestra experiencia, donde se convierten en recuerdos, energía y, a veces, en miedos. A veces, gracias al sueño, comprendemos también el significado profundo de lo que hemos vivido y que antes se había perdido. Otras veces, incluso, recibimos intuiciones que durante la vigilia no supimos sintetizar y por la mañana nos vienen a la mente. La interpretación de los sueños desde una perspectiva psicológica y psicoanalítica dice muchas cosas interesantes y ha enseñado mucho sobre el conocimiento de esa parte de nosotros mismos no controlada por la consciencia.

… que resuelve problemas
En todos estos casos, se trata siempre de una interpretación del mundo del sueño como si fuese una dimensión “de servicio”: una extensión de la vigilia, virtual y no real, que sirve para resolver los enredos producidos durante el día. Una especie de Mr Wolf del alma, similar al personaje de la película Pulp fiction que “resuelve problemas”.
En realidad, éste es sólo uno de los aspectos del mundo de los sueños. No es casualidad que usemos la palabra “mundo”: se trata de una dimensión propia, autónoma, aunque conectada a la otra. Simplemente, en una vivimos con una base física y una actividad cerebral de una cierta frecuencia, las ondas beta,  mientras que en la otra vivimos con una base puramente energética y con una actividad cerebral caracterizada por una frecuencia mucho más baja,  las ondas alfa y theta.
El mundo onírico se revela, con un análisis adecuado, como una dimensión en sí misma. Existe,  simplificándolo mucho, una especie de dimensión de paso, en la que el sueño se nutre realmente de nuestras experiencias de la vigilia y no pocas veces lo lamenta: es el sueño ligado a lo que normalmente se define como inconsciente y que representa una especie de hogar de la persona, el vestíbulo desde el cual es posible transitar para acceder a la dimensión del sueño real. Aquí, nos movemos con la misma dinámica de acción-participación-reacción que conocemos en el hacer diurno, durante la vida “normal”.

 

hacia el sueño lúcido
Para volver a lo de la broma inicial: es en esta esfera en la que podemos alargar nuestra vida. ¿Cómo? Aprendiendo a estar despierto también durante el sueño. Estamos hablando del sueño lúcido, de la posibilidad de participar de una manera perfectamente consciente también en nuestra vida en la dimensión onírica.
Es una facultad que podemos activar dentro de nosotros mismos. Como para tantas otras facultades dormidas, se trata de algo que los seres humanos tenían activo dentro de sí mismos, sin ninguna dificultad, cuando la vida se desarrollaba en correspondencia más directa con los ritmos de la naturaleza, la visión del pueblo era más fuerte que la del individuo y no existía el miedo a lo que no conocemos. Después, se perdió pero puede recuperarse. Lo dice incluso la ciencia, que en los últimos ochenta años ha comenzado a interesarse por este fenómeno.
Es otra parte del trabajo hacia la plenitud, es decir, hacia el bienestar,  déjate intrigar.

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