Maya y El Real

Aug 06, 18 Maya y El Real

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

La confrontación entre realidad e ilusión, entre el real y maya, representa la esencia misma de la espiritualidad. ¿Pero qué es la “espiritualidad?” Es lo que va más allá del aspecto material de las cosas, es lo que nos mantiene en contacto con nuestra parte más humana, es una actitud positiva con respecto a los demás y a la vida, es la participación coherente en un recorrido religioso, es la aspiración a la auto-superación, es la capacidad de hacerse preguntas.

Los gurús, yogis, maestros espirituales, a su vez, raramente dan una definición unívoca e inmutable a lo largo de toda su enseñanza, porque una característica de la espiritualidad es también la de ser una materia plástica, mutable, continuamente nueva en sí misma.
Falco Tarassaco dice que la espiritualidad es, ante todo, la capacidad de dar sentido a las cosas y a los acontecimientos: ni el universo ni la vida son fruto de la casualidad y atribuir un valor a los acontecimientos a nuestro alrededor representa el primer paso de un recorrido espiritual.

No se trata de creer en algo o de hacer rituales o de meditar en silencio: lo que importa es comprender la vida dentro de un orden más amplio, en el que cada uno es importante en medio de otras cosas importantes. Damanhur es sencillamente una forma para ser espirituales, pero eso se puede hacer también en muchos otros lugares.

Realidad vs ilusión
Todas las definiciones de espiritualidad, sin embargo, se basan de alguna forma en la distinción entre realidad e ilusión. La realidad es lo que es lo que importa, es lo que tiene valor más allá de esta vida, lo que puede transformar nuestra conciencia. Ilusión es toda lo que tiene un valor efímero, destinado a desaparecer una vez que lo hemos consumado. Nuestras obras, nuestras experiencias, nuestros sentimientos profundos son reales, mientras que el dinero, el éxito, la satisfacción de nuestros deseos es pura ilusión.

Desde otro punto de vista, la diferencia también se puede definir así: es real todo lo que, después de la muerte, te acompaña al más allá, representando el patrimonio de experiencia que has acumulado y, permitiéndote así, hacer de la vida recién vivida una experiencia realmente preciosa; es ilusión todo lo que, simplemente, te ha ocurrido, te ha pasado,  lo que has poseído, lo que te ha hecho vivir sensaciones que luego no has podido llevarte contigo. Desde el punto de vista de la espiritualidad, por lo tanto, es real todo lo que te permite  hacer verdaderas las definiciones antes descritas, mientras que es ilusión lo que, aunque  importante desde otros puntos de vista, no tiene  que ver con ellas. Entonces, todo fácil.  🙂

¿Bien y mal?
Pero ¿no os parece que una definición como esta, si se toma al pie de la letra, tenderá inevitablemente a diferenciar entre el Bien y el Mal?
La meditación, la solidaridad, la compasión, el valor, el altruismo, la investigación, son ciertamente importantes, ya que forman parte de la esfera real y, por lo tanto espiritual.
Pero ¿por qué creer que otras cosas, dinero, placer, diversión, poder, están condenadas irremediablemente a ser ilusiones?
Y entonces, las cosas como la salud, los sentimientos, la amistad o la ambición, que presentan elementos tan “luciferinos” que parecen o favorecen o reducen  nuestra libertad interior ¿a cuál de estas dos esferas pertenecen?

Convertir todo en real
Es verdad, lo que está destinado a desaparecer es ilusión: empeñar toda la energía propia para poseer algo que, en realidad, servirá solamnete para colmar nuestros sentidos y no nuestra alma, es solo un gran engaño. Pero ya que aprender a dar sentido a las cosas, es decir a ser espirituales, significa también saber atribuir sentido al más amplio número de cosas, he aquí que aparentemente lo que es maya, lo que es sólo ilusión, puede convertirse en un valor profundamente real.

La filosofía damanhuriana propone vivir todo con intensidad, con meditación, con respeto: todo puede ser percibido, expresado y experimentado con participación, con conciencia y sin apego, y todo puede transformarse de ilusión a realidad. No existe, en la vida, lo que es importante y lo que es banal: existe, si acaso, lo que sabemos convertir en noble y lo que vivimos con poca atención. Espiritualidad , he aquí otra definición, es el arte de hacer real todo lo que vivimos.

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