Crecer a través de la enfermedad

Sep 18, 18 Crecer a través de la enfermedad

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Encontrar elementos de alegría en un problema físico es difícil. La salud y la plenitud de nuestros facultades son los elementos a través de los que normalmente buscamos la felicidad. No es verdad la idea de que el sufrimiento puede llenarnos de alegría. Por otro lado, nunca le desearíamos la enfermedad a otra persona, ni a un ser querido ni a una persona que nos es indiferente, y entonces ¿cómo podríamos buscarla para nosotros mismos, como portadora de alegría, entusiasmo y energía positiva?
Dicho esto, sin embargo no hemos dicho todo. Cuando decimos que nosotros no somos máquinas, pues no somos mecanismos perfectos a los que basta hacer un buen mantenimiento para mantenerse perfectos, afirmamos que la enfermedad, como su pariente lejana, la vejez, es parte de la vida. La enfermedad, después de todo, es un elemento de normalidad, del mismo modo que una tormenta es parte del clima de nuestras ciudades: incluso si preferimos el sol, sabemos que también las mojaduras son parte de los sucesos posibles, normales.

Efecto, no causa
Si lo vemos desde este punto de vista, también la enfermedad  –incluso aquélla que puede llevarnos a la muerte, por difícil que sea de afrontar-  es un elemento en el que podemos encontrar buenas energías, que vale la pena aprender a destilar. La presencia de una enfermedad rompe el esquema de nuestra vida y nos pide conocernos a nosotros mismos. Cuando experimentamos el sufrimiento, ya sea una disminución de eficiencia o un dolor, encontrarse a sí mismo es indispensable.

A menudo, más bien, nos enfermamos cuando nos alejamos de nosotros mismos, de nuestras aspiraciones y del amor por nuestra vida: nos separamos de lo que hacemos y entonces el cuerpo a su vez se aísla y comienza a manifestar algunos problemas. La enfermedad es el espía que nos señala que algo no va y que hay que pararse, reflexionar y comenzar a quererse bien.

Por tanto, en realidad, la enfermedad es a menudo el efecto, no la causa de nuestro malestar. Y en el momento en que se manifiesta, nos da la posibilidad de afrontar el malestar antes de que cause más problemas.
El proceso para tener éxito es la oportunidad para reflexionar sobre nosotros mismos. Preguntarse cuáles son los propios deseos, dejar de fingir, aclarar aquellas situaciones que nos hacen sufrir, son formas de adentrarse en uno mismo y redescubrir el gusto por la vida.

Como un viejo amigo
En ese punto, empieza la curación, que acogeremos con profunda gratitud hacia la vida y la armonía del universo, que vuelve a darnos la bienvenida. Y tal vez veremos que esa incomodidad, más o menos grande que nos queda – porque a veces algo de incomodidad permanece- en el fondo es como un viejo amigo que nos conoce, y que conocemos bien, que nos recuerda que debemos cuidar de nosotros mismos.

La presencia de una enfermedad es siempre, si queremos, naturalmente, una ocasión de verificación, reflexión, de encuentro con uno mismo y, por tanto, una oportunidad de enriquecimiento y maduración. Nos trae buena energía, incluso cuando nos causa cansancio y preocupación. La salud es un bien precioso que debe cultivarse y merecerse; saber acogerla es una oportunidad para expandirse y comprender mejor la vida, es la única forma de conservarla.

Y tú, ¿tienes alguna experiencia personal de cómo la enfermedad trajo un enriquecimiento y madurez a tu vida?

 

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