Un día en los Templos de la Humanidad: La Sala de los Metales

Sep 25, 18 Un día en los Templos de la Humanidad: La Sala de los Metales

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Este templo circular está dedicado a los metales y al tiempo. En él hay ocho preciosas ventanas de vidrio en las que figuran ocho rostros, rematados con símbolos de la lengua sacra damanhuriana, información sobre los metales y distintos paisajes, que representan simbólicamente una determinada edad de la vida. El recorrido va desde la edad más joven, unida al hierro, a la más avanzada ligada al oro, aludiendo a la existencia humana como un viaje de refinamiento espiritual.

Otros cuatro portales de vidrio Tiffany dedicados al aire, al agua, a la tierra y al fuego se recortan en los huecos de las paredes. Delante de los portales y en el centro de la Sala se yerguen columnas de cerámica, decoradas como si fueran árboles, pero que crecen hacia abajo desde arriba, como reclamo al árbol de la inmortalidad. Esta sala ligada al tiempo tiene, en efecto, la función de enlace entre la dimensión de la vida y la del más allá.

En esta sala, la humanidad combate simbólicamente contra sus partes negativas: los caballeros y las bailarinas del techo defienden el fuego central, oponiéndose a las alegorías de los vicios representadas en el suelo. La trama simbólica de la Sala de los Metales está construida sobre la oposición y sobre la acción: representa la importancia de la elección, del conocimiento y de la voluntad para transformar en positivo incluso los elementos negativos y para superar la necesidad del conflicto.

Esta sala está disponible para meditaciones, ligadas al recorrido de la vida misma, al contacto con uno mismo en distintos momentos del tiempo y para prepararse frente a elecciones inspiradas.

 

Sumérgete en el Viaje a los Templos de la Humanidad con Unicornio:

Me encuentro caminando de puntillas, debido al profundo silencio de este espacio, que recuerda la forma de una taza tibetana. Y la delicada y misteriosa vibración de este instrumento sagrado es un sonido que abre a la percepción de esta Sala la cual me resulta realmente  majestuosa; me siento casi intimidada por violar este espacio, en el que me sumerjo con respeto y emoción dentro de la penumbra de una suave luz dorada. Tomo asiento en el centro, con la gran columna central a mi espalda; trato de abarcar con la mirada toda la circunferencia, y luego el techo, y luego el suelo, acotados ambos por un doble cuadrado, el símbolo de Damanhur, que se encuentra sobre la amarilla bandera de la Federación.
Esta sala conduce al corazón de la alquimia, hablando de los metales, de sus diferentes frecuencias y temporalidad.
La duración de los metales, en efecto, es muy extensa, mucho más que la de las “fuerzas vivas”, de esta manera se llama a los seres vivos en Alquimia,  y cada metal representa una fracción temporal diferente dentro del tiempo, al que imaginamos como un mar inmenso.


Precisamente por este motivo, en el laboratorio alquímico los metales tienen funciones específicas: no es posible hacer nada en el vasto territorio temporal si solamente se utilizan las fuerzas vivas, tan efímeras, sino que son necesarias la variedad y el espesor temporal que los metales pueden ofrecer.
Uno de los principios del arte aplicado en los Templos es la saturación de los sentidos: pinturas, vidrieras, mosaicos y sonidos se unen para crear una especie de “cortocircuito sensorial”, al ser tantos y tan distintos  los estímulos que provienen del exterior. También los aromas son importantes para alcanzar este estado de conciencia particular y cada sala está conectada a un perfume específico que, en cierto sentido, contribuye a activar la sala así como ocurre con el instrumento del que “reconoce” el sonido.
En los Metales el perfume es el incienso, mientras que en la Sala de la Tierra es el musgo.


Saturación de los sentidos.
Efectivamente, mis ojos se desplazan ávidamente de un punto al otro, para tratar de abarcar lo más posible del conjunto. Una vez saciada por su espléndida complejidad, me siento lista para descubrir la riqueza de los detalles singulares. Me levanto y observo, una a una, las ocho vidrieras que llenan los otros tantos nichos de las paredes, cada uno de los cuales describe, a través de símbolos e imágenes, las características del metal a las que el nicho está dedicado, características descritas sobre franjas de vidrio y plomo; aquí encuentro el símbolo químico, la temperatura de fusión, la masa atómica, su símbolo del Tarot y el zodiacal, el planeta y el color correspondiente a cada metal.
En realidad, lo que más me impresiona es la imagen central de cada vidriera, eje sobre el que giran todas las demás simbologías. Se trata de un luminoso rostro humano, que da luz a todo lo que le rodea, dando a entender quizás que es el alquimista el que, con su búsqueda, da sentido y medida a cada cosa y que su cuerpo, sobre el que vive, recorre el tiempo, rap, representado aquí por la alternancia de las estaciones, un laboratorio alquímico capaz de recoger la complejidad del universo y de participar en sus manifestaciones. Los rostros son diferentes, porque representan las edades del ser humano a las que los distintos metales  están conectados; a su alrededor, las coloridas piezas de la vidriera hablan sobre la diversidad de experiencias vividas y de los conocimientos elaborados.

Pulsa aquí para seguir leyendo sobre esta Sala de los Templos de la Humanidad 

Si quieres vivir una experiencia de sonido, mira el vídeo de Suntara en la Sala de los Metales

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