La gran lección de Falco

Oct 17, 18 La gran lección de Falco

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Falco Tarassaco, inspirador de Damanhur, murió a los 63 años, de cáncer. Una muerte “común”, como le ocurre a tantos, que él transformó en una extraordinaria lección de vida, por su serenidad y valor. Durante los últimos tres meses de su vida hizo una cosa muy simple: llevó a la práctica toda la teoría sobre la muerte de la que habló durante los años de su enseñanza. No quiso ningún paliativo terapéutico, se hizo cargo del cansancio y del malestar, transmitió todas las consignas a sus colaboradores, se reunió con todos los que pudo para despedirse en persona y permitir que ellos se despidiesen de él y mantuvo el ritmo de los encuentros públicos hasta que las fuerzas se lo permitieron. Nunca declaró “me estoy muriendo”, pero tampoco ocultó lo que le estaba pasando. ¿Qué nos ha enseñado con su ejemplo?

La enfermedad es una experiencia
En un recorrido individual, la enfermedad reviste un sentido importante, ya que se vive como una oportunidad de transformación única. Para que esta idea resulte cierta, en Damanhur hemos desarrollado la actividad de la pranoterapia, es decir, la sanación a través de la imposición de las manos, que ha enseñado a muchos damanhurianos a reflexionar sobre la salud como primer paso de la transformación de uno mismo. La enfermedad es una experiencia: representa un viaje al interior de uno mismo, a realizar con serenidad y conciencia.

El deseo de estar a pesar de todo
Ver a Falco en sus últimos meses de vida, su sosiego, su ganas de estar ahí hasta cuando pudo y su aceptación de lo que estaba a punto de ocurrirle, ha llevado a todos a reflexionar sobre cómo otros, en cambio, viven normalmente la enfermedad y el miedo a la muerte. Y sobre todo a una pregunta: ¿a qué energía aferrarse, dentro de uno, para tener esa misma fuerza?

Conexión es no aislamiento 
Generalmente, cuando enfermamos tendemos a aislarnos: de las personas, de nosotros mismos, de la enfermedad y de la curación. No queremos ser un peso para los demás, no queremos hablar de la enfermedad porque compartir las emociones que la enfermedad nos provoca, nos hace sentir débiles. Falco nos ha enseñado en cambio, que la enfermedad puede llevarnos a conectarnos mucho más. Hasta el último momento dedicó todo su tiempo para encontrarse con personas y situaciones en las que se le precisaba, pero respetando profundamente su encuentro con la enfermedad misma, aceptando  las consecuencias, preparándose para el epílogo y ofreciendo su propio cuerpo sin buscar soluciones a toda costa.
Y de esta forma ha sido capaz de cerrar con ligereza su propia vida y ayudar a quienes le querían a elaborar la inminente separación.

La vida como transformación
Muchos se han preguntado: “¿Por qué ha muerto?, siendo sanador, ¿por qué no se ha curado a sí mismo?” Para responder, hace falta recordar que Falco afirmó a menudo que podía hacer mucho por los demás pero poco por sí mismo, añadiendo que se trataba por lo general de un tipo de regla no escrita, común a todos los que tienen el regalo de sanar al prójimo. Pero si en vez de enfocarnos sobre “el fin de la enfermedad”; como concepto de curación, miramos más bien hacia los efectos de transformación que cada enfermedad ofrece a quien la afronta con el espíritu adecuado, entonces, esa pregunta ya no sirve. Falco vivió su vida con intensidad, en todos los acontecimientos por los que en ella atravesó, y también supo hacerlo así con su enfermedad. La vida es digna de ser vivida no por su posible duración, no, no “por como acaba”, sino por como ocurre, por la calidad de participación que cada uno logra expresar.

Desde este punto de vista, no hay duda de que Falco dejó el cuerpo en la plenitud de su madurez espiritual, viviendo la fase de su enfermedad con ganas de aprender muchas cosas que todavía no conocía.
Nos ha dejado no solamente un extraordinario testimonio, sino también la demostración de que, en el fondo, no es difícil vivir la enfermedad con ligereza: lo importante es comprender que  delante tenemos algo precioso, preguntándonos: ¿Qué puede esta nueva experiencia verter sobre de mí?

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