El camino que conduce al Grial

Nov 27, 18 El camino que conduce al Grial

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Mantide Dafne, vive en Damanhur desde hace más de treinta años, nos cuenta la historia de su encuentro con la enfermedad y su curación.

En el 2005, un jueves por la tarde, paseando por la galería de los cuadros sélficos  en el Centro Damanhur Crea, sentí una energía que emanaba de forma particularmente fuerte y que se dirigía directamente hacia mí, con un mensaje personal. Tuve la sensación, no sabría decir porqué, de que se trataba de una energía ligada al Grial. Me mantuve enfocada en ella, y después leí el título del cuadro y me di cuenta de lo acertado de mi intuición: el cuadro se titulaba: Este es el camino que conduce al Grial.

Los encuentros de los jueves
Siempre me ha gustado pasar tiempo entre los cuadros sélficos, y los jueves por la tarde, antes del encuentro  semanal con  Falco Tarassaco, iba a menudo a “saludar” a ese cuadro. Aproximadamente un mes después del primer encuentro, recibí un mensaje concreto: el cuadro decía que “me llevaría”. No sé cómo, conecté enseguida este “ser llevado” con la muerte y me dije a mí misma que no estaba lista aún, que no me había pulido lo suficiente aún, y que no había aprendido todavía lo bastante como para poder decir que había usado la vida bien. Por entonces, ya llevaba viviendo en Damanhur veinte años pero sentía que mi vida, en ese momento, no se había expresado aún. Pocas semanas después, me diagnosticaron un tumor maligno de mama.

Desear la curación
La historia clínica de mi curación es la misma que la de muchas mujeres que han vivido esta misma aventura, en la que se mezclan la aprensión, la cercanía de las personas que nos quieren y la capacidad de los buenos médicos. Yo, además de esto, podía contar con el sostén de los demás damanhurianos, con la pranoterapia, con los médicos de la comunidad y con la presencia de Falco mismo que, en más de una ocasión, mientras estuve en el hospital, me llamó para apoyarme y darme consejos. Y todo salió bien, no sin esfuerzo, pero con un resultado final positivo.

Dentro de mí, me sentí intensamente conectada a las sensaciones ligadas al cuadro, a su llamada, al Grial. El pensamiento que tuve la primera vez fue mi guía para desear la curación: no quería sencillamente curarme para seguir viviendo, sino porque quería crecer, quería hacerme mejor.
Me gustaba mi vida, tenía una hija mayor a la que vi madurar con alegría, tenía un compañero al que amaba, pero estas cosas no me ataban a la vida. De lo que me dí cuenta, era que deseaba tener la posibilidad de crecer, de evolucionar, de conquistar metas espirituales que todavía sentía lejanas de mí. De acercarme a aquel Grial que me había llamado, dando  un sentido aún más pleno a mi vida.

Un porqué para cursarse 
Creo que superé la enfermedad precisamente por esto, más allá de la precocidad del diagnóstico, o de la pericia de quién me ha tratado o de los chequeos a los que, todavía hoy, me someto regularmente. Le dí una dirección a la vida que quería vivir aún, y esa dirección era la de mi crecimiento.

Desde entonces, bastantes años y bastantes cosas han pasado y han cambiado dentro de mí. Sigo con el mismo empeño haciendo todas las cosas que hacía antes pero ya no como obligaciones o deberes hacia los demás, sino más bien como ocasiones para afirmarme a mí misma con humildad, y aprender, conocer, comprender.
También hice la Escuela de Sanación Espiritual, como experiencia paralela que me ayudase a comprender qué me estaba pasando y cómo hacer que fructificase, y me siento mejor persona, más completa.

Como antes, morir o vivir no me asusta, pero ciertamente sé que si vivo, es para crecer íntimamente.
La enfermedad  me ha dejado recuerdos que no son todos bonitos, pero lo cierto es que ha representado para mí una ocasión de reflexión que me ha permitido comprenderme mejor a mí misma. Aquel Grial, en cierto sentido, lo he rozado, y ahora no quiero olvidarlo nunca, porque me ha enseñado mucho. La cosa más importante que he comprendido es que la vida debe ser utilizada bien, haciendo cosas, transformándose uno mismo, sin quedarse solo mirando. Con estas condiciones,  una experiencia de enfermedad puede ser también un regalo.

Mantide Dafne

¿Y tú? ¿Has vivido alguna experiencia profunda ligada a la enfermedad que quieras compartir con nosotros? Cuéntanosla en “Comentarios”.

 

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