La velocidad de los árboles

Feb 07, 19 La velocidad de los árboles

CREAR SOSTENIBILIDAD

 

 

La posibilidad de encuentro y comunicación entre el mundo humano y el mundo vegetal es un tema al que, como investigadores damanhurianos, siempre nos hemos acercado de buena gana durante más de cuarenta años, porque creemos firmemente en dos cosas: la primera, que los árboles y las criaturas vegetales en su complejidad no solo están vivas sino que además son inteligentes, sensibles y están deseosas de comunicarse con otras especies; la segunda es que también son las criaturas más cercanas a nosotros, compañeras en nuestro camino de crecimiento espiritual. Por lo tanto, a menudo hablamos con fundamento y experiencia de la capacidad del mundo vegetal para comunicarse con nosotros y permitirnos, de esta forma, tener una experiencia sensorial -que es la base de nuestro conocimiento del mundo- de gran amplitud.

Las grabaciones y los conciertos de Música de las Plantas,  son un aspecto importante de esta búsqueda, tanto como los cursos de Comunicación con el Mundo Vegetal, y la Orientación de los Árboles.  Muchos místicos y muchos científicos afirman cosas similares de forma distinta y, cuando el mismo tema se afronta desde puntos de vista tan diferentes -que no distantes- significa que el tema es importante e ¡intensamente arraigado (también hay que decirlo) en nuestra alma!

Un tiempo diferente
Para nosotros, los humanos, es fácil encontrarse frente a un árbol: lo miramos, lo tocamos, percibimos su olor a tiempo real y, si hace un poco de viento, también podemos escuchar el crujir de las ramas y el susurro de sus hojas. Si, además, sabemos acallar nuestra mente y llevar la atención a lo que nos circunda, podemos darnos cuenta de que estamos inmersos en un gran pensamiento, podemos sentir que un gran cerebro, con lenguaje y modos distintos a los que estamos acostumbrados, está procesando ese momento junto a nosotros.
Pero, atención: los árboles no tienen todos la misma facilidad. Cada especie de alto fuste vive a una velocidad completamente diferente de la nuestra. Los árboles tienen tiempos de percepción mucho más lentos. Nosotros, estando frente a la planta, percibimos enseguida su forma, sus colores, olores, etcétera Esa misma planta, en cambio, necesita de un tiempo muchísimo más largo para percatarse de nosotros y de nuestra presencia, casi como si fuese una película fotográfica que, para ser impresionada, necesitase de un tiempo de exposición muy largo.

Hagámoslas perceptibles 
Por tanto, si estamos cerca de una planta y deseamos hacer contacto con ella, hace falta sobre todo una cierta disponibilidad de tiempo y paciencia. Cuando se dice que es importante respirar profundamente, concentrarse, “pararse”, se está haciendo referencia a una actitud que permite a la planta percibirnos, no es sólo porque esto pueda ayudarnos a nosotros. Es bastante natural, cuando se desea hablar con una planta, colocarse en un estado de relajamiento y casi de meditación, porque sabemos que puede servirnos para acoger la lengua y las señales que nos llegan de nuestro amigo vegetal. Pero sobre todo, es para permitir que se de cuenta de nosotros. Hace falta calmar el cuerpo y la mente a tal punto que pueda ser percibido por parte de una criatura tan lenta. Lenta, naturalmente, desde nuestro punto de vista: si pensamos en la duración de la vida de un árbol centenario, nos damos cuenta de que la respuesta de sus sentidos es sencillamente proporcional a su longevidad.

¿Qué voces?
A veces, después de haber estado en un bosque o en un parque, quizá solo unos pocos minutos después, nos hemos sentido recargados y llenos de bienestar -como suele ocurrir cuando estamos en la naturaleza- y podríamos decir que las plantas nos han hablado y nos han dado sabios consejos.
Atención: si no hemos estado ahí el tiempo suficiente, las plantas no se habrán apercibido de nosotros y las voces que hayamos sentido serían nuestras voces interiores, ciertamente importantes pero no relacionadas con el mundo vegetal.
Todo esto no tiene que desanimarnos ¡al contrario! Hablar con las plantas es algo posible y muy bonito. Sólo hace falta tener la disponibilidad de tiempo y paciencia para permitir a las plantas que nos hablen. Y eso es precioso para ambos, y el tiempo parece ser muy largo y muy veloz a la vez.

¿Y tú? ¿Cómo te comunicas con este mundo hecho de plantas? Comparte tus comentarios.

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