Rituales, ciencia y magia

Apr 12, 19 Rituales, ciencia y magia

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Algunos dicen que la magia no existe y que la realidad pertenece a las fórmulas científicas y lógicas. Existen la fuerza de gravedad, el electromagnetismo, la termodinámica y todas las demás leyes que están descritas en los manuales de Física. Y, de forma más general, existe la ley de causa y efecto; existen la Medicina, la Química, las Matemáticas y todas las visiones del mundo que se derivan de ellas. Pero no existiría la ley de correspondencia, ni el principio de abundancia, ni el poder creativo de la palabra, ni la sincronicidad. Todas las culturas que han basado su visión del mundo en un sistema de significados que une al hombre con el universo a través de su pensamiento y de su poder, estarían equivocadas. Todos los investigadores que han explorado, ¡logrando distintos éxitos!, la posibilidad de crear resultados sin partir de causas aparentes, estarían equivocados o, simplemente, habrían sido muy afortunados.


Entre ciencia y magia no existe un verdadero dualismo, porque si el primero niega la existencia del segundo, el segundo no niega la existencia del primero; simplemente explica que existen también sus leyes, que se combinan con las científicas para crear el universo. Así, la magia resulta ser más inclusiva.

Una ley natural
Pero, ¿qué entendemos por magia? Para los damanhurianos, no es algo sobrenatural o “mágico”: la magia -dice Falco Tarassaco, desde el comienzo de la historia de Damanhur- es el conjunto de leyes naturales que no son transmitidas por elementos físicos, químicos, etc. La telepatía entonces, no es más extraordinaria que la ebullición del agua, o recordar eventos sincrónicos ya no es más increíble que medir el peso de algo; a lo sumo, son fenómenos menos frecuentes, pero ambos se refieren a las facultades del ser humano.


E incluso las ceremonias rituales se refieren a procesos que no están tan lejos de los más obvios. Cuando caminamos de un lado a otro atravesando un prado, creamos gradualmente un camino, que se convierte en un elemento estable por el que todos caminan, haciéndolo más profundo cada vez. Un rito no es algo muy distinto. Por ejemplo, en los solsticios y equinoccios que se celebran en Damanhur, ceremonias públicas a las que todos pueden asistir, la repetición año tras año de los mismos gestos y fórmulas va escribiendo un mensaje energético que deja constancia de los acontecimientos de los que habla.

Quién cree y quién no cree
Hace algún tiempo, un periodista italiano terminó un artículo sobre Damanhur escribiendo: “la magia existe para los que creen en ella”. Desde su punto de vista, probablemente tenía la intención de burlarse educadamente de los damanhurianos, refiriéndose a la credulidad. En cambio, sin darse cuenta, había escrito una realidad sacrosanta: el ingrediente más lejano y final de la magia es la participación subjetiva. El sonido de la sagrada sílaba OM, el sonido del MOAE damanhuriano, libera fuerza y energía porque quienes las cantan están profundamente convencidos de su eficacia; los mismos sonidos, cantados por quienes no son conscientes de ello, expresan mucho menos. Por eso los que creen siempre encuentran confirmación y los que no creen también.


Creer en ella no es un acto de fe hacia algo infinitamente lejano, es más bien un acto de humildad, una forma de visión amplia que nos hace conscientes de que los límites del mundo están más lejos de lo que a menudo pensamos. Leonardo da Vinci no habría tenido miedo de la idea de la cibernética.

¿Por qué habría de asustarnos la idea de que la naturaleza aún debe ser explorada?

 

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