¿Las respuestas están todas dentro?

May 08, 19 ¿Las respuestas están todas dentro?

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Las respuestas están dentro de ti: lo dicen los sabios, explicando que la tarea de todo buscador es conocer el mundo para encontrar la llave que abre la puerta de uno mismo. La antropogénesis egipcia explica incluso dónde, dentro de nosotros mismos, se encuentran las respuestas: en una pequeña estancia, acogedora, ordenada y protegida, escondida dentro de nuestro corazón.
Falco Tarassaco dice que un guía espiritual ayuda a sus propios amigos a despertar al maestro interior: “Recordemos que el maestro está dentro de sí mismo. ¿Qué puede despertarlo? ¿Qué puede abrirlo? Puede ser un libro, puede ser un discurso con otras personas, puede ser un intercambio de experiencias con otros, puede ser un comienzo religioso, puede ser cualquier cosa.

Despertar al maestro interior, en el fondo, es otra manera de decir que las respuestas están dentro de nosotros: nadie puede enseñarnos nada, simplemente tenemos que darnos cuenta de que ya sabemos (espiritualmente hablando, por supuesto; el dentista que tiene que extraerme una muela, bueno, espero que haya aprendido de alguien ya experto y que no sea un autodidacta o peor aún, que no esté aprendiendo con mi muela).

La pregunta correcta
Tenemos las respuestas dentro, el problema es encontrarlas. Más bien, el problema es encontrar las correctas, porque dentro de nosotros viven pasiones contradictorias, ansiedades, excesos -así como maravillosos talentos y dones- y a veces las respuestas pueden venir de ellos y no de nuestras mejores partes. A veces las respuestas equivocadas se mezclan con las correctas. ¿Y entonces qué?
Hace falta saber cómo escuchar, y antes de eso, saber cómo hacer las preguntas.


A menudo nos hacemos una pregunta para disimular otra. Creemos preguntarnos, por ejemplo, por qué no podemos tener éxito en el trabajo, cuando en realidad lo que realmente queremos saber es cómo aplacar nuestro espíritu de competencia, que hace que veamos nuestro empleo como una carrera de obstáculos en la que a menudo los otros son los que llegan primero.
Las preguntas incorrectas van acompañadas de respuestas erróneas, no podría ser de otra manera. Así que el primer punto es hacerse la pregunta correcta. No es necesariamente fácil: comprender lo que realmente queremos saber significa rendirse a nosotros mismos, tener un movimiento de amor para escuchar y distinguir, en nuestros corazones, las causas y los efectos. No es fácil, pero podemos hacerlo, si realmente queremos.

Esperando la respuesta
El segundo elemento importante es, una vez comprendida y planteada la pregunta, situarse en la expectativa tranquila de esperar la respuesta. Nuestra respuesta, la piedra angular de la pregunta que tenemos dentro, saldrá a la superficie como un trozo de madera en medio del mar, pero hay que saber esperar. Una vez más, necesitamos calmar la ansiedad y confiar en que la respuesta se manifestará, sin apresurarnos (de no ser así, es mejor pedir consejo a los demás, lo que no es malo, en caso de necesidad).
Y además, hay que tener en cuenta que frente a cada pregunta -filosófica, personal, práctica- no es seguro que haya una respuesta única. Por el contrario, es muy probable que haya muchas, todas adecuadas, todas posibles, dependiendo de nuestra actitud y, por tanto, es probable que en nuestro corazón encontremos una diversidad de respuestas. Esto seguramente no nos aleje de la incertidumbre, sino más bien nos dará la certeza de poder elegir con tranquilidad, confiando en nuestra sinceridad y en nuestra coherencia.

Una búsqueda del tesoro
Si la pregunta es correcta, dice Falco, la respuesta dentro de nosotros es claramente perceptible y no debemos preocuparnos por perderla por nuestra falta de atención.
Las respuestas internas siempre están ahí. Poder encontrarlas es como participar en la búsqueda del tesoro: requiere habilidad, dedicación y, sobre todo, muchas ganas. No se trata de estar solos y cerrados a los demás, sino más bien de asumir nuestras responsabilidades y sentirnos protagonistas de nuestro propio crecimiento.
Intenta hacerte una pregunta – seguramente ya tienes más de una en mente – y deja que la respuesta se manifieste desde el fondo de tu corazón. Edúcate para hacerlo y descubrirás lo que otras partes de ti ya han aprendido durante mucho tiempo.

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