La tecnología: ¿útil o peligrosa?

Jul 30, 19 La tecnología: ¿útil o peligrosa?

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Cuando nació Damanhur, los teléfonos eran de baquelita, tenían una rueda giratoria y, sobre todo, eran fijos. Las computadoras ocupaban habitaciones enteras y necesitaban personal especializado. Los viajes a la luna acababan de terminar y, se dice hoy, exagerando pero no demasiado, podían contar con una tecnología comparable a la de una calculadora actual. Internet simplemente no existía: leías periódicos impresos, la publicidad estaba en las calles y en la televisión, cuando querías enviar un mensaje enviabas una carta con un sello y para comprar cosas tenías que ir a las tiendas.

En estos últimos cuarenta años, la tecnología ha cambiado el mundo y nuestras costumbres de modo vertiginoso. Para quién  tiene hoy treinta años, es normal no conocer de memoria los números de teléfono, no consultar mapas viales antes de efectuar un viaje, hacerlo todo desde casa y preocuparse ante todo de tener una buena conexión.

Estar a la vanguardia 
Muchas personas se preguntan si la tecnología es una ventaja o una desventaja, si las personas han mejorado porque tienen más posibilidades o si han retrocedido, ya que lo hacen todo sus teléfonos inteligentes. Falco Tarassaco siempre ha sostenido que la tecnología es un elemento importante de crecimiento y siempre ha pedido a Damanhur que esté a la vanguardia desde el punto de vista de las nuevas tecnologías. Por esta razón, los habitantes de Damanhur siempre se han asegurado de aprender el uso de nuevas herramientas, tanto personales como para la construcción de grandes sistemas: en el campo de las tecnologías de la construcción, por ejemplo, o de la producción de energía o de los sistemas de riego, asegurándose de dar prioridad a los métodos de protección del medio ambiente.

La mayor transformación tecnológica es la que afecta directamente a los hábitos personales y proviene de los teléfonos móviles, los ordenadores personales, internet y las redes sociales. Falco lo practicaba muy moderadamente: no tenía cuentas personales y, como le gustaba enfatizar con una sonrisa, usaba el ordenador como máquina de escribir. Sin embargo, siempre llevaba una tableta para consultar y afirmaba que dedicarse, como entretenimiento, a varios juegos en línea, ayudaba a estimular la fantasía y la imaginación.

Un reto importante
En sus enseñanzas, la tecnología es un valor positivo, siempre y cuando sea la persona que guíe el uso de la misma y no la que la sufra. Hoy, por desgracia, está muy claro que el uso de los teléfonos móviles e internet se ha convertido para muchos, especialmente para los jóvenes, en una forma de adicción, en una forma de vivir en una realidad virtual sin tener que enfrentarse a la realidad. Pero puede representar, en cambio, un fortalecimiento de nuestra capacidad para gestionar nuestras vidas y conocer el mundo.
La tecnología es un reto muy importante para nosotros, seres humanos del siglo XXI: nunca antes habíamos tenido a nuestra disposición herramientas personales tan poderosas, que nos permiten cancelar distancias, recibir información, realizar diferentes operaciones, ¡mejor que la varita mágica de Harry Potter! Al mismo tiempo, nunca hemos corrido un riesgo tan grande de volvernos perezosos, delegando nuestras habilidades a los objetos, confundiendo la realidad con su representación.
Según la experiencia de Damanhur, es útil estar al día en el uso de las últimas aplicaciones porque ofrecen la posibilidad de nuevas experiencias y de ampliar las propias capacidades. Pensar en detener el futuro sería como pensar en detener el viento.

Eligen las personas 
Lo importante es utilizar estas herramientas teniendo en cuenta que no deben ser utilizadas para externalizar nuestras habilidades, sino para adquirir otras nuevas sin perder otras: utilizando las redes sociales sin parar para salir con amigos, aprendiendo de memoria algunos números de teléfono, buscando información sobre libros sin delegar todo en Wikipedia. De este modo, el progreso es real porque “da” sin quitarle nada.
Es el dilema de todo pasaje histórico. Probablemente, cuando en el siglo XV, Johannes Gutenberg introdujo la prensa, muchos pensaron que sería el fin de la cultura porque la haría demasiado popular.

No hay que tener miedo de las cosas nuevas, pero más aún hay que aprender a usarlas bien: deben ser útiles para nosotros y no al revés.

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