¿Para quién hablan las plantas?

Aug 08, 19 ¿Para quién hablan las plantas?

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

 

Hablar con las plantas puede ser un hermoso sueño, un juego, una forma de meditación. Puede ser una capacidad que descubrimos, por ejemplo,  al tener un día ganas de reflexionar sobre algo importante, y lo hablamos en voz alta, como si quisiéramos aclarar nuestros pensamientos expresándolos con palabras, y luego nos damos cuenta de que en realidad, casi sin darnos cuenta, esas palabras llegaron de forma natural a nuestras plantas que están en una maceta y que comparten con nosotros el apartamento.

Más o menos, todos tenemos algunas plantas en casa que cuidamos para que no les falte agua y luz. Para algunos, es un adorno, como un cuadro o una chuchería, pero cada vez más, en tiempos que están cambiando, la gente entiende que las plantas de la casa son, como animales, seres vivos, que no sólo cuidan desde el punto de vista práctico sino que también pueden convertirse en puntos de referencia como seres pensantes.

Hay varias maneras de ponerse en contacto con ellas. Aquellos que aman la música y quieren experimentar en esta dirección, pueden encontrar en el equipo Bamboo  una valiosa herramienta para enseñar a las plantas a jugar y cantar con ellas, mientras que aquellos que les gusta experimentar otro nivel de comunicación, pueden intentar hablar con el ficus, orquídeas, dragones y así sucesivamente.

Para percibir lo que es verdad
Hablar con las plantas, sentir que también tienen una forma de percepción de nuestros pensamientos, no es difícil.
Primero hay que querer hacerlo, luego poner sinceridad y pasión, sin hacerlo, sólo para intentarlo. Las plantas perciben lo que es cierto mientras que ni siquiera se dan cuenta de lo que se hace sin compromiso.

Tienes que pasar un rato, porque los tiempos de percepción de un vegetal son un poco más lentos que los nuestros, tardan un poco en ponerse en marcha. No es necesario sentarse con las piernas cruzadas durante horas y horas para ser percibido, pero tampoco es útil lanzar palabras al viento, yendo y viniendo de una habitación, como podríamos hacer con una persona.

Y lo que es más importante, tenemos que decidir qué es lo que queremos. Hablar con las plantas puede ser muchas cosas diferentes: una manera de sacar a la luz pensamientos que no tenemos cuando estamos entre los demás, de tratar con una inteligencia muy diferente sobre cuestiones y problemas que tenemos en mente, de enfrentar con una lógica inusual los desafíos de la vida.

Un espejo silencioso
Lo que no hablan las plantas no es: un espejo. No somos nosotros los que nos hablamos a nosotros mismos, como a veces lo hacemos cuando hablamos en voz alta con fotografías antiguas, pero es sin duda una forma de intercambiar y compartir. De las plantas vendrán respuestas: imágenes que se forman en nuestras mentes, sentimientos, ideas que antes no teníamos y que ahora existen, sueños que se manifestarán en la noche… las plantas responden, de lo contrario no tendría sentido hablar de comunicación, estaríamos solos frente a un espejo. Hay que tener cuidado y estar dispuesto a captar las respuestas.

No asumamos que aquel pensamiento que tuvimos vino de nosotros mismos, que ese sentimiento se debe a un recuerdo: en otras palabras, no siempre lo reducimos todo, no tenemos miedo de verificar que realmente, ¡esa criatura verde frente a nosotros ha entendido nuestras emociones y nos ha enviado las suyas propias!.

Comunicarse mejor con los humanos
Ser amigos de nuestras plantas es algo hermoso y precioso que nos puede ayudar a descubrir muchas cosas, tanto de nosotros mismos como de la vida que nos rodea. Falco Tarassaco siempre ha animado a los damanhurianos a explorar estos temas, a adquirir experiencia directa, también creando cursos

Hay un aspecto fundamental que hay que destacar: hablar con las plantas también nos enseña a comunicarnos mejor con otros seres humanos. No es una alternativa: no puedo comunicarme con los humanos, así que me comunico con las plantas. Al contrario, es un estímulo para descubrir lo bello y enriquecedor que es comunicarse, siempre: ¡por lo tanto, hagámoslo también y sobre todo con nuestros semejantes, mientras que nosotros también lo hacemos con las plantas!

 

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