Itzpapalotl y el verdadero significado de las cosas

Nov 19, 19 Itzpapalotl y el verdadero significado de las cosas

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

No os dejéis engañar por el aspecto inquietante de Itzpapalotl: su parecido a un esqueleto es el signo típico de las divinidades de las que forma parte: las “tzitzimime”, un grupo de fuerzas que gobiernan el mundo paradisíaco. A menudo se presentan adornadas con una serpiente en posición fálica, aunque se las considere de género femenino. Según algunas profecías, estaban destinadas a gobernar el mundo una vez que las tinieblas hubieran envuelto la Tierra pero con la llegada de los conquistadores las profecías se interrumpieron y su dominio quedó suspendido. Itzpapalotl es una criatura amiga y benevolente.

En la religión azteca de la que conocemos quizás mejor a Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, a Huitzilopochtli el dios de la guerra y a Tlaloc el dios de la lluvia, las tzitzimime son divinidades que viven en las tinieblas y que tienen el aspecto de esqueletos.


Itzpapalotl gobierna el mundo de Tamoachan, caracterizado por la paz y la bienaventuranza, en el que los Dioses crearon al género humano. Tamoachan acoge a las víctimas de la mortalidad infantil: aquí, en efecto, crece un árbol cuyos frutos tienen forma de pezones de los que los niños pueden alimentarse en espera de la reencarnación. Las tzitzimime eran veneradas como protectoras de las comadronas y, en general, del trabajo de las mujeres. En particular, Itzpapalotl portaba su atención sobre los espíritus de las mujeres que morían en el parto.
Itzipapalotl estaba representada con patas de tigre y alas de mariposa. Se la llamaba “mariposa con garras” o “mariposa de obsidiana”. Su nombre indica purificación y renovación, conseguidos a costa de sacrificar lo que es querido.

El mensaje que esta antigua diosa azteca nos trae es el del misterio de lo femenino, el de la capacidad de contener y conciliar los opuestos y el de dar vida en cualquier caso, ya sea cuando la vida misma proviene del universo con su fuerza disruptiva o cuando, aparentemente, ya no queda y permanece latente en la marfileña muerte.
Itzpapalotl no teme el impacto que su aspecto puede provocar en los demás porque sabe que la verdad es una fuerza que siempre y en todo caso, vence. Sabe bien que su naturaleza verdadera y positiva es fuerte y que será reconocida por los demás, a medida que la experimenten.

Es la muerte la que protege la vida, la esencia —representada por el esqueleto— es la que nutre, la feminidad la que acoge al masculino y el masculino el que genera feminidad.
En un tiempo como el actual, su voz enseña a conjugar el contenido con su forma, a buscar la sustancia de la comunicación, el verdadero mensaje contenido en cada exteriorización.

Es cierto, hoy vivimos inmersos en una comunicación que, por decir poco, resulta intrusiva: eslóganes, retórica; el lenguaje de los medios de comunicación, de las redes sociales y de los políticos nos atormentan con estímulos que nos confunden, que parecen robarnos el tiempo y la atención.

Itzpapalot, con la ligereza de la mariposa y la energía del tigre, nos enseña a reconocer el contenido real de los mensajes que nos llegan, nos sugiere cómo dirigir nuestra escucha, cómo observar lo que nos rodea con el fin de descubrir lo que significa. No siempre las cosas son lo que parecen y no siempre lo que nos parece de un color excluye otros colores distintos. Itzpapalot nos indica cómo buscar lo positivo incluso en donde no pensamos hallarlo, y riqueza de matices incluso en donde no nos la esperaríamos.

La suya es una voz que hay que buscar con atención, pues es más sutil que la de otras Fuerzas que hemos descubierto hasta ahora, aunque igualmente clara y valiosa por los significados que nos aporta: hay que conocer bien, aceptar e investigar el significado profundo de las cosas. De esta manera, podremos transformarnos y estar preparados para nuevas fases en nuestra vida, para renovarnos a nosotros mismos y al mundo. Encontramos esta divinidad al final del año: justo para ser capaces de distinguir, después de tanto tiempo, la verdad de lo aparente y estar listos para entrar a un tiempo nuevo.

Stambecco Pesco

 

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