El árbol como tótem

Nov 20, 19 El árbol como tótem

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

La relación entre los seres humanos y los árboles es siempre una oportunidad para crear nuevos símbolos, expresiones artísticas, celebraciones de lo sagrado.

Las columnas que adornan los templos clásicos, por ejemplo, son una representación de los árboles, que en la arquitectura se imaginan como un elemento de conjunción entre el cielo y la tierra. Los tótems de muchos pueblos representan el árbol que contiene las almas y los espíritus que se cree que son amigos de los humanos. La vara, desde el caduceo de Mercurio hasta la de los obispos cristianos, reproduce la forma del árbol, que no sólo representa el impulso hacia arriba, sino también la penetración en las profundidades de la tierra, que es otra característica de los árboles, donde tienen sus raíces.

Desde este punto de vista, los árboles son un símbolo colectivo de pueblos espirituales y de identidades, el mismo símbolo en el que se reconoce a todos los que forman parte de él, como en el culto a los antepasados comunes. Incluso la última Exposición Universal, la Expo de Milán de 2015, tuvo como símbolo el Árbol de la Vida: tecnológico, artificial, fruto del ingenio humano, como para representar el puente entre la civilización del hombre y la de las plantas.

El árbol es, por tanto, un símbolo que une y que, al ser compartido por varias personas de una misma población-grupo-tribu, representa un punto de encuentro entre todos aquellos que lo tienen en sus pensamientos. En la cultura damanhuriana, incluso da vida a un mundo madre.

Por causa o por elección
El árbol también puede prestarse a un enfoque personalizado, directo e individualizado. Es cuando nos relacionamos con una planta de una manera particular: nos detenemos bajo su follaje, la convertimos en el destino de nuestros paseos, sentimos el poder de relajarnos y ponernos a gusto. En este caso, ya no hablamos del castaño – por ejemplo– como especie, sino de un individuo específico de esa especie que poco a poco se ha convertido en nuestro amigo. Puede suceder por casualidad, cuando durante un paseo por un bosque o una parada en un jardín nos sentimos atraídos por una planta; o puede suceder por elección, cuando decidimos establecer una relación privilegiada con una criatura vegetal y luego elegimos una que nos atraiga por una de sus características y nos acostumbramos a ir a visitarla y pasar tiempo cerca de ella.

Una relación personal con un árbol se puede establecer de una manera similar a la que se establece en una relación con una persona: a través de la presencia física, la sinceridad y la voluntad de escuchar.

Una planta nos percibe cuando nos quedamos cerca de ella durante cierto tiempo: el mundo vegetal no está equipado con nuestra velocidad de percepción y necesita al menos un cuarto de hora para que el árbol perciba la presencia de los que están cerca de ella. Por otro lado, no necesita contacto físico: no es necesario acariciar el tronco o las hojas de una planta, basta con estar dentro de su aura, que se expande varios metros más allá del tallo.

Un árbol, precisamente por su diferente ritmo de vida, es capaz de comprender si los pensamientos que le enviamos son sinceros o no, por lo que construir la amistad con él es esencial para que sea verdad, cuando le contamos nuestros problemas, nuestras alegrías y nuestras amarguras. Por otro lado, ¿tendría sentido recurrir a un ser tan particular para contarle cosas superficiales?

Historia milenaria
Finalmente, la disposición de escuchar, de captar las respuestas que el árbol dará a nuestras preguntas. Recibiremos ideas, pensamientos, imágenes que comentarán las cosas que contaremos sobre nosotros mismos y que, probablemente, sugerirán soluciones a nuestros problemas.

De esta manera, podemos crear un tótem personal, al cual podemos recurrir para recibir consuelo y crear esos momentos en los que encendemos una luz interior que nos permite expresar lo mejor de nuestros talentos.

A veces será el árbol el que quiera “hablar”, y entonces la relación será mutua. Falco Tarassaco enseñó que una vida es completa cuando se vive en armonía con el reino vegetal. Propone cursos y meditaciones sobre este tema, que es una historia milenaria, escrita a través de las culturas de los pueblos y de las experiencias de muchos individuos.

Comunicar con el mundo vegetal

Experimenta la comunicación con las plantas a través de la música
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