¿Mejor fácil o difícil?

Jan 21, 20 ¿Mejor fácil o difícil?

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

A veces, la sabiduría se expresa a través de expresiones y frases como “Al mejor el camino peor” o “Lanzar como ayuda una cuerda llena de espinas”. Casi parece que la vida, para ser una vida evolutiva preciosa, “deba” ser difícil. En general, parece que cada experiencia debe ser un banco de pruebas de nuestra paciencia y nuestra fortaleza de ánimo.

Por otra parte, quienes saben meditar sobre su propia existencia y sobre sus finalidad tienen cada vez más claro que las mejores transformaciones de ellos mismos se producen en la luz y la alegría: el llanto no nos enseña más que la risa, saber vivir el dolor no es más formativo que saber vivir la alegría, son simplemente experiencias complementarias. ¿Y entonces? ¿Cuál es el valor de la dificultad? ¿Por qué la vida no puede ser simple?

¿Es el camino de la espiritualidad un camino de desafíos?

Cuando las personas se le acercaba y le contaban que estaban cansados porque el destino, los dioses o el karma les estaban poniendo a prueba, Falco Tarassaco sonreía y explicaba que las pruebas no existen. No existen momentos cruciales en los que las leyes del universo envíen una situación difícil a la persona, como una puerta que hay que cruzar o un enigma que hay que resolver para poder demostrar que se ha conquistado una nueva madurez. Las pruebas son creaciones literarias que nos permiten hacer algunas reflexiones pero en realidad, existen simplemente las cosas que suceden, que a veces nos ponen dificultades y a veces nos dan fuerza. Somos nosotros los que, a menudo, transformamos un evento en una prueba, en una experiencia a través de la cual conquistamos nuevos niveles de comprensión o, si “no lo superamos”, recibimos una desilusión de nosotros mismos.

La espiritualidad es un reto
La pregunta sigue siendo: ¿por qué la vida no puede ser sencilla, compuesta de situaciones lineales que se resuelvan solas, en las que las soluciones sean claras? ¿No sería más fácil iluminarse de esta manera? Entonces, tal vez todos los seres humanos contaminarían menos, no habrían guerras, vivirían juntos en el respeto mutuo y realizarían verdaderamente un mundo ideal… ¡parece imposible que las grandes inteligencias que regulan el universo no hayan pensado nunca en ello!

La respuesta es simple: la espiritualidad está hecha de desafíos. Son desafíos íntimos, que tienen lugar dentro de nosotros mismos, y que nos llevan lentamente – y a veces de golpe depende de las características del desafío– a ver mejor dentro de nosotros mismos y a hacer nuestras elecciones. Imaginemos una vida en la que las situaciones se suceden armoniosamente una tras otra: somos ricos y podemos cumplir nuestros deseos, la salud nos sostienen con vigor, tenemos una vida emocional plenamente satisfactoria y a nuestro alrededor todos vivimos de la misma manera, con la misma constante felicidad. En tal situación, ¿cómo podríamos expresar nuestra fuerza? ¿Encontrar estímulos? Sobre todo, ¿cómo podríamos dar sentido a las cosas, si ya son perfectas?

Encontrar un hilo virtuoso
Un camino de crecimiento espiritual requiere que todos sean capaces de usar la fuerza, la inteligencia, el coraje, la compasión, la generosidad y todos los demás talentos para participar plenamente en la vida que llevan y para expresar su presencia en las situaciones. Espiritualidad significa conectar los eventos entre sí y descubrir en ellos un significado que va más allá de los eventos mismos. Significa encontrar un hilo virtuoso y coherente entre situaciones contradictorias: perdonar y continuar amando, por ejemplo, a las personas que afirman cosas bellísimas y luego las contradicen en su vida cotidiana.

Las dificultades nos enseñan a movernos entre los pliegues de la vida y a ser activos, es decir, a sacar de nosotros los recursos necesarios para afrontar las dificultades mismas. Recursos que, a partir de ese momento, están a nuestra disposición y a la de todos los que nos rodean. Incluso las cosas sencillas y fluidas son a su manera dificultades: nos desafían a no ser perezosos, a no desear más, a no creer que el universo nos tiene simpatía porque somos mejores que los demás.
Lo que consideramos una dificultad “es” una dificultad y deja de serlo si nuestro punto de vista cambia. Depende de nosotros. La vida fluye a través de altibajos, como las olas que cruzan el océano. Nosotros gobernamos nuestra travesía.

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