Los colores de un nuevo amanecer. Rediseñando nuestras vidas después del Covid. Parte 1

May 02, 20 Los colores de un nuevo amanecer. Rediseñando nuestras vidas después del Covid. Parte 1

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

No creo que la plena conciencia de los efectos de nuestras acciones esté presente en ninguno de nosotros. Y es una suerte –porque la carga de la responsabilidad probablemente nos llenaría de horror y desánimo– y al mismo tiempo una condena: en un planeta donde todo está conectado, nadie puede estar libre de sufrimiento hasta que todos los demás seres lo estén. La red de la vida nos conecta unos a otros a través del espacio, y también a través del tiempo. Y en un tiempo en el que todo está presente, nuestra esencia juega muchos juegos, en muchas situaciones y circunstancias diferentes. Somos al mismo tiempo los que sufren y los que crean el sufrimiento.

En este mecanismo de interdependencia, a menudo inconsciente, la idea de que la guerra existe sólo como una construcción mental, una ilusión que puede disolverse superando la dualidad, es muy atractiva. Pero tal vez ya no sea posible no cuestionar si la situación no es más compleja, y la confusión más profunda.

La pandemia del Covid-19 ha distraído los ojos del mundo de los conflictos en curso y del número de víctimas que estas guerras producen, pero las consecuencias del virus en esos territorios son más trágicas que en las naciones más organizadas. Y lo mismo vale para todas las zonas de la tierra devastadas por las consecuencias del cambio climático

Es difícil encontrar –excepto en períodos cortos y en algunos rincones remotos del mundo– períodos históricos en los que no haya habido conflicto o invasión. Incluso dentro de las comunidades con valores compartidos las prevaricaciones parecen estar siempre presentes: los grupos, sociedades o tribus más uniformes, sin personas con diferentes colores de piel o diferentes acentos, siempre han inventado categorías de seres para poder considerarlos inferiores. En los últimos milenios el lugar ha sido asignado casi universalmente a las mujeres o a cualquiera que se haya desviado de la heterosexualidad destinada a la procreación.

Aún más atrás en el tiempo, hay rastros de grandes extinciones en masa, mitos sobre el catastrófico final de grandes civilizaciones como la Atlántida e inundaciones universales a través de las cuales los dioses de todas las latitudes han tratado de destruir a la humanidad, incluso cuando no estaban ocupados exterminando a los humanos en su totalidad, los dioses tomaron partido en la guerra del lado de uno u otro pueblo, dando protección y fuerza a cambio de territorios de los que recibir oraciones, ofrendas y energía vital. Y sus sacerdotes, en tiempos antiguos como ahora, bendecían las armas antes de la lucha. Muchos dioses tienen su lugar en el campo de batalla: ya sean señores de todo el universo, o compañeros de cuarto de un panteón, muchos de ellos muestran gran interés en el resultado de los conflictos humanos. Por su parte, los santos y los demonios también suelen estar presentes.

Otros mitos dicen que los dioses a menudo estaban en guerra entre ellos. Y no pensemos sólo en los dioses masculinos: en todas las latitudes y en todas las civilizaciones de las que hay pruebas históricas, hay diosas de la guerra, la victoria, la discordia y de la muerte en el campo de batalla. Menvra, Athena, Bellona, Morrigan, Inanna e Ištar, Bandua, Andarta, Freyja, Macha, Neith, Sekhmet, Tanit, Pele, Qamitis, Oyá, Ifri, Anahit, Zorya, Chamunda, Durga… solo por citar algunas.

Diosas evocadas para proteger la familia, el nacimiento y el amor tanto como la guerra. A menudo, al nacer, se enfrentaban a luchas muy violentas contra demonios, animales monstruosos y dioses malvados de ciclos anteriores. Así se han ganado en la batalla el honor de proteger a los humanos en la guerra y darles la victoria. Todos estos mitos hablan de migraciones e invasiones, de nuevas formas de vida que suplantan a las antiguas. No hay duda de que la historia que cuentan es la de civilizaciones siempre construidas sobre el dominio de las anteriores, tanto en occidente como en oriente, en el norte o en el sur del mundo.

El terreno en el que se asienta la guerra – muchos filósofos y maestros espirituales nos recuerdan– está dentro de nosotros. Somos nosotros los que, a través de nuestras elecciones y acciones, determinamos el equilibrio de esta batalla en todo momento. Y esto, cada ser humano con un poco de conciencia lo comprueba cada día, tratando de hacer coincidir sus ideales con sus acciones. Especialmente en los países industrializados, donde casi todas las acciones que realizamos implican el sufrimiento de alguien de otra parte del mundo: desde las guerras por el coltán de nuestros teléfonos móviles y consolas de juego, hasta el impacto ambiental de la forma en que nos movemos, lo que comemos y vestimos, desde la explotación de otros humanos para producir la miríada de objetos que usamos a diario, y muchos de ellos superfluos.

Continuará…

Escrito por Esperide Ananas Ametista
Psico-socióloga, facilitadora espiritual, sanadora y embajadora de la Federación de Damanhur.

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