Los colores de un nuevo amanecer. Rediseñando nuestras vidas después del Covid. Parte 2

May 05, 20 Los colores de un nuevo amanecer. Rediseñando nuestras vidas después del Covid. Parte 2

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

 

Este es el segundo de un artículo de tres partes. Puedes encontrar la primera siguiendo este enlace.

Reflexiones personales de Esperide Ananas Ametista

En Spinoza, como en el Advaita-Vedanta y en la filosofía damanhuriana, no hay separación entre lo material y lo espiritual. El absoluto está en todo. Pero el equilibrio perfecto, la completa divinización de todo, está en la totalidad. En nuestro pequeño pedazo del universo, en el plano de la realidad material que –aunque ilusoria– define gran parte de nuestra experiencia, el juego está aún abierto, el resultado está todavía en duda. No nos es posible comprender plenamente los misterios del Absoluto, mientras estemos en una realidad finita: su presencia en nosotros, sin embargo, puede guiarnos como un perfume que señala el camino a un caminante con los ojos vendados en la noche. Cada ser humano es una antena electromagnética: algo en nosotros está predispuesto a recibir los impulsos que nos llegan de las energías espirituales y divinas que participan más conscientemente en el diseño del Absoluto.

¿Y si, de la misma manera, también tuviéramos receptores para señales provenientes de campos conflictivos fuera de nosotros, multidimensionales y complejos? ¿Y si la batalla dentro de nosotros es un reflejo de una guerra más grande? Entonces podríamos imaginar que hay una señal predispuesta para encender los instintos de guerra y, sobre todo, a confundirnos sobre quién es el enemigo, a hacernos confundir los hermanos con los opositores…. Un recuerdo-trampa que nos engaña sobre dónde está realmente el campo de batalla.

Un tema no nuevo, una gran Matrix, parte de un diseño más grande en nuestra galaxia. Una Guerra de las Galaxias en la que nuestro planeta, tan rico en vida y diversidad, juega un papel fundamental.

Buscamos el significado profundo de lo que significa ser humanos, y de las cosas y valores por las cuales vales la pena vivir.

El escudo de protección planetaria en esta batalla no es tecnológico, sino que está dado por la elevación de nuestra conciencia y la fuerza de nuestro campo espiritual. Y es suficientemente fuerte solo si es unitario, y si todas las divinidades de todos los pueblos y épocas están aliadas entre sí y con la humanidad. Sin esta protección, las fuerzas que se oponen a nuestro despertar continuarán usando nuestra energía vital y emociones confusas como alimento, mientras que pasamos nuestras vidas sin sentirnos nunca completamente completos y en el lugar correcto, nunca en armonía con nosotros mismos, las personas cercanas a nosotros, la vida. Ver al enemigo en otros seres humanos, negar la conciencia del planeta y la naturaleza, cosificar la vida: estos estados de conciencia son el arma de guerra más poderosa contra nuestra victoria, nuestra elevación.

Nos hemos confundido… la guerra no es entre nosotros, el campo de batalla no es el planeta. Este es el momento de conectarnos a las características positivas de las fuerzas divinas, para hacer que resuenen dentro de nosotros los valores más puros que representan y contienen. Es el momento de contarnos a nosotros mismos y al universo una nueva historia, la de una única dirección de la evolución. Lugares sagrados como los Templos de la Humanidad en Damanhur fueron creados para difundir este mensaje de esperanza y proporcionar un ancla espiritual que nos sostenga en la metamorfosis: de pensamiento, comportamiento y alma.

La Tierra ya está cambiando de frecuencia, la Frecuencia de Schumann regularmente alcanza picos muchas veces superiores a su frecuencia regular de 7,8 Hz, que ha tenido durante eones. Nuestro planeta, como ser sensible, está experimentando su proceso de elevación y transformación. Y nosotros los seres humanos estamos viviendo con ella una mutación que, si guiamos conscientemente nuestro libre albedrío, puede llevarnos a un nuevo futuro. Aliados a todas las fuerzas vivas de la Tierra y a las energías espirituales que sostienen nuestra evolución, los humanos debemos dar el primer paso indispensable: conectarnos y sentirnos como una gran humanidad, pasando del “yo” al “nosotros”. De esta manera podemos sentirnos uno con los otros, viviendo la unidad en la multiplicidad, exaltada por el intercambio con los otros, no por su reducción: estos son los primeros regalos cuando salimos de la dualidad.

La neurociencia ha demostrado que la comunicación dentro de las diferentes áreas de nuestro cerebro tiene lugar a través de las ondas gamma generadas por el tálamo, que cruzan el cerebro a una frecuencia de aproximadamente 40Hz. Son las ondas de mayor y más rápida frecuencia entre las que normalmente producimos y están conectadas al “sentimiento de dicha” de la meditación profunda, los estados místicos y extáticos. Los estudios muestran que se pueden aumentar si nos sintonizamos con los sentimientos de amor y compasión: cuanto más conectados y amorosos estamos, más activo es nuestro cerebro, más se expande nuestra mente y más inteligentes somos. Anclados en esta alquimia interna de amor e inteligencia, podemos cultivar en nosotros mismos la confianza –animada por la conciencia– de que hay un plano más grande del que podemos ver y que nuestras vidas fluyen dentro de una corriente de Conciencia infinita. Podemos elegir seguirlo, conscientes de que en el absoluto no dual, todo es divino. Y esa es nuestra dirección, el norte de nuestra brújula.

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Escrito por Esperide Ananas Ametista
Psico-socióloga, facilitadora espiritual, sanadora y embajadora de la Federación de Damanhur.

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