Apolo: el Dios que escucha y sonríe

Jul 03, 20 Apolo: el Dios que escucha y sonríe

VISIÓN ESPIRITUAL

 

 

Ricamente adornado con joyas que combinan el arte de la selfica con símbolos animales, artísticos y astronómicos, Apolo –el dios del sol de la antigua Grecia– sonríe enigmáticamente desde las paredes de la Sala del Laberinto en los Templos de la Humanidad. En el calendario damanhuriano su imagen se embellece,¡realmente hay que decirlo!, acabado de pasar el mes de junio, durante el cual el Sol, como centro físico y espiritual de energía, conocimiento y vida, se celebra a través del Solsticio.

Los orígenes del culto a Apolo se encuentran en el encuentro entre la mitología siria y micénica. Los rastros de la presencia del dios se remontan a los últimos siglos del segundo milenio A.C., cuando el culto de una deidad cazadora, andrógina y liberadora de los humanos se transformó en el culto de dos dioses, hermano y hermana, hombre y mujer: el espejo de la profunda división entre estos principios incluso dentro de cada uno de nosotros.

Apolo es el hijo de Zeus y Leto, gemelo de Artemisa. Es el dios del sol, de la música, de la poesía y de las artes; del conocimiento como Luz que abre la mente. Es un importante dios de la adivinación y bajo su protección estaban el Oráculo de Delfos y Delos, una isla sagrada en el Mar Egeo donde el dios cobró vida, o más bien a la luz.

La isla, de hecho, tiene un brillo único y como desde el mar los antiguos griegos veían salir el sol en el lejano oriente, así en medio del mar, sobre Delos llegó la luz de Apolo. Como todos los dioses de la luz, Apolo tiene la misión de disipar la oscuridad, luchar y matar a los monstruos que se esconden allí.

Apolo es portador de salud y capaz de alejar todo mal: por eso es el padre de Asclepio, el dios de la medicina. El sol es fuego y el fuego purifica: Apolo es también un dios purificador y puede liberar a los estados, ciudades y hombres de toda contaminación, material y moral. La Luz espiritual y moral que se necesita más que nunca en este período para curar a la humanidad y crear una nueva civilización.

Las fuerzas pintadas en las paredes del Laberinto nos hablan, nos advierten, sugieren sus soluciones para afrontar los problemas y puntos de inflexión que la vida nos enfrenta. Dentro de nosotros, como células del gran cuerpo de la humanidad entera, presente y pasada, están los vínculos con todas las fuerzas divinas que hemos encontrado en su historia milenaria y, si queremos, si sabemos ponernos en escucha, podemos recordar su frecuencia y dialogar con ellas.

El dios del sol y de las artes parece decidido a observarnos, a reflexionar, como si casi intentara captar nuestras voces. Es él quien nos escucha; es él, el dios de la poesía y las artes, quien lee nuestras palabras, escucha nuestras canciones y busca en nuestros dibujos líneas y colores para contar una nueva historia, que indica el nuevo futuro hacia el que estamos andando.

Apolo sonríe. Es una sonrisa apenas mencionada, tan misteriosa como la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, y llena de significado. Apolo, padre del dios de la medicina y protector de la salud, sabe evaluar la salud de los seres humanos y de los pueblos que cuida. Su sonrisa, en estos tiempos difíciles, nos da esperanza, la casi certeza de que la humanidad puede lograrlo, que estamos en el camino del Despertar.

Podemos superar las divisiones, reconciliar las religiones, devolver la dignidad a la mujer y escuchar su voz, respetar a cada ser humano, asentirnos uno con el medio ambiente y la vida, recuperar valores profundos que eliminen los falsos mitos del consumismo, la apariencia y el dinero. La humanidad puede tener éxito si, como el mismo Apolo testifica, después de un período de curación y purificación, dará el espacio adecuado a la poesía, la música, la ciencia: estas son las artes que pueden abrir nuestras mentes y corazones hacia la Belleza y la Armonía, hacia nuevos pensamientos y un comportamiento libre, ético y solidario.

Apolo dice:

“Vive con poesía y observa atentamente la realidad”

De esta manera nos uniremos a él, a través de la parte divina que cada uno de nosotros alberga en su interior. Para ello, puede ser útil ponernos en la actitud que el dios tiene en esta imagen: observar, escuchar, reflexionar y sonreír a los demás, recordándonos que la reflexión también significa tejer un diálogo lleno de amor con nosotros mismos. Sobre todo, nunca dejemos de sonreír, con la intención de reflejar en nuestro rostro la luz del sol.

Así nos uniremos a él, a través de la parte divina que cada uno de nosotros alberga en su interior.

 

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