Rafael, el Arcángel de la Sanación

Sep 30, 20 Rafael, el Arcángel de la Sanación

El arcángel Rafael es una de esas figuras que está detrás en diferentes mitologías: un héroe que hoy llamaríamos multiétnico, un verdadero ciudadano del mundo. Rafael está presente en la Biblia, el texto más difundido del planeta, y sobre él se han escrito volúmenes también por expertos de ángeles contemporáneos, que han puesto de nuevo en boga su figura y a veces han “actualizado” sus funciones. La etimología de su nombre, en hebreo antiguo significa “es el dios que cura”, o “Dios, por favor, cúrame”.

Para los cristianos Rafael forma parte de la religión, mientras que para los judíos y los cristianos protestantes su presencia está más ligada a la cultura, ya que en la Torá, los ángeles mencionados no tienen nombre. Como los otros ángeles, Rafael es mencionado en libros considerados apócrifos. En el Islam, Rafael es honrado como uno de los grandes arcángeles, responsable de señalar la llegada del Día del Juicio Final tocando su trompeta.

En el Evangelio Rafael se convierte en San Rafael y se arraiga aún más en el imaginario popular. Curiosamente, el primer documento que menciona al santo, que data del siglo XI, fue escrito en la ciudad de Ivrea, a pocos kilómetros del lugar donde nueve siglos después fue fundada Damanhur.

Rafael es uno de los arcángeles constantemente admitido en presencia de Dios. En el contexto de las religiones monoteístas, por lo tanto, Rafael es una de las criaturas no divinas más cercanas al Creador y esto le confiere capacidades beneficiosas en relación a la humanidad. Rafael se ocupa de la salud y de aquellos que sufren en general, y también del amor de pareja. Es muy cercano a los sufrimientos y a las esperanzas cotidianas de los seres humanos, como si quisiera equilibrar la elitista condición que vive en relación al Uno.

Invocar su nombre significa recibir protección, serenidad, alegría en la vida afectiva y, sobre todo, poder afrontar todos los sufrimientos físicos y morales: muchas personas en el mundo todavía hoy en día lo invocan para recibir sueños e inspiración sobre cómo curar los sufrimientos del cuerpo y aliviar los del alma.

En las paredes de los Templos de la Humanidad, y por lo tanto en la página de septiembre del calendario damanhuriano, se representa a Rafael arrodillado, con el rostro sereno y un lirio en la mano izquierda, que esparce sus pétalos al viento. Es de esta manera como sus dones se extienden sobre la humanidad.

Rafael puede ser imaginado como una entidad que continuamente filtra y difunde al mundo energía pura y coherente que proviene del corazón del Universo. Energía de la que, como una flor fragante, puede nacer la armonía y la belleza, si sabemos escuchar a nuestro corazón y conectarnos con las altas frecuencias de consciencia.

Rafael es un puente entre los niveles multidimensionales de energía pura y la dimensión en la que vivimos. Cuando entramos en contacto con esta energía – que también podemos llamar prana, matriz divina, Real, Nous y muchos otros nombres – sanamos nuestros males físicos y espirituales porque somos parte del flujo de la vida y la conciencia. Rafael representa este puente y lo vigila para que el pasaje esté constantemente abierto.

En este momento en que la llamada al Despertar está pasando incluso por una pandemia, es importante recordar que Rafael está presente y ya está trabajando de acuerdo a su misión, que es difundir la energía sanadora en el mundo. Tenemos que darnos cuenta, simplemente. Estar conectado a la energía pura del Universo significa estar a su vez en el camino de la pureza, y expresar pensamientos y acciones limpias no solamente hacia nuestra vida, sino también hacia la política, los derechos humanos, el estilo de vida que nos gustaría ver en la Tierra.

Rafael continua haciendo que llueva energía pura sobre nosotros para ayudarnos. Tal vez podamos ayudarle en esto: a percibir, a contactar, a usar esta fuerza, para que su fuente esté siempre libre y continúe bendiciéndonos con sus dones. En estos meses de epidemias, de reflexiones, de elecciones importantes, el mundo –es decir cada uno de nosotros– realmente lo necesita.

 

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