Un espíritu indomable

Oct 29, 20 Un espíritu indomable

El fuego dibuja luces y sombras en su rostro, desentierra sus rasgos y así resalta sus rasgos somáticos. Pillan proviene de la zona de los Andes del sur, entre Chile y el oeste de Argentina, la tierra del pueblo Mapuche.

Los Mapuche son conocidos por su orgullo y espíritu indomable, que los llevó a resistir enérgicamente primero a los Incas y luego a los españoles que intentaron colonizarlos, tanto es así que a mediados del siglo XVI Alonso de Ercilla, un noble poeta y soldado que los combatió en Chile, escribió un poema épico dedicado a ellos, titulado La Araucana, que todavía se considera uno de los grandes poemas históricos de España. Arucanas es el nombre usado en español para el Mapuche, pero no es un término que les guste. El idioma Mapuche es hablado hoy en día por más de 300.000 personas, y muchas palabras de origen Mapuche se utilizan en el español hablado en Chile y Argentina.

La cosmología Mapuche se articula sobre unas pocas figuras y se basa en el culto a la madre tierra y a los antepasados; el nombre Pillan tiene diferentes significados según el contexto, y puede indicar tanto una figura bien definida – como se describe en las imágenes de los artistas damanhurianos– como una clase de antepasados. Esta doble y posible identificación confirma una característica de la religiosidad en América Latina, la de mezclar diferentes imágenes y significados y hacerlos coexistir en el imaginario de los pueblos: aunque de hecho es un área completamente cristianizada hoy en día, en la tierra de los Mapuche es normal que los “maci”, es decir, los chamanes, realicen ceremonias para expulsar el mal y pedir lluvia, y que sus hierbas medicinales se utilicen normalmente también entre la población urbana. La presencia de fuerzas antiguas y poderosas, que existen en paralelo o mezcladas con otras más recientes, recuerda el culto a la Pachamama, la madre tierra según la población inca, de la que hablamos en marzo de 2020.

En el Laberinto de los Templos de la Humanidad, Pillan se presenta en su función de dios del trueno y de la muerte, que da fuego a los seres humanos. Pillan recoge las almas de los héroes caídos en la batalla y los lleva a la dimensión ultraterrena. Es “Señor de los Humanos” y “Señor de la Tierra”. Es el dios de la creación y la destrucción, que preside todos los fenómenos naturales: creó el territorio Mapuche poniendo fin a la lucha entre las dos serpientes Cai Cai y Ten Ten que habían creado inundaciones y erupciones volcánicas, pero también es el dios de la enfermedad y la mala suerte. El elemento fuego, que más lo identifica, encarna mejor que ningún otro una doble naturaleza: el fuego calienta, ilumina, purifica, transforma, pero si no somos capaces de controlarlo, puede destruir, borrar, hacer estériles todas las formas. Para presentarte a Pillan necesitas tener un espíritu indomable, y la habilidad de controlar tu miedo y tus impulsos.

Para entrar en la frecuencia de Pillan y escuchar su voz, podemos encender una vela y concentrarnos en su llama, con presencia y máxima atención para entender lo que tiene que decirnos.

Pillan nos recuerda que todo lo que logramos tiene un gran poder positivo y potencial destructivo. Nunca antes – donde la humanidad está en parte confundida y asustada, en parte entusiasmada por el cambio que sentimos que se avecina – necesitamos entender, meditar, elegir: todo está en nuestras manos, de la misma manera que el fuego está en las manos de la deidad de Mapuche. Hoy en día la tecnología puede hacernos más libres o más esclavos, la información que nos rodea puede asustarnos o confundirnos o darnos las señales del Gran Despertar que está teniendo lugar, viajar puede hacernos encontrar nuevos mundos o escapar de los nuestros, la ciencia puede curarnos de las enfermedades o transformarnos hasta el punto de olvidar que somos uno con la naturaleza y la vida.

La expresión concentrada pero serena de Pillan sugiere que ejercitar nuestra capacidad de discernimiento nos permite adquirir fuerza y serenidad, en conexión con el fuego espiritual dentro de nosotros. Los grandes desafíos de hoy nos llevan a reconsiderar la realidad que, como humanidad, hemos creado colectivamente: requieren coraje, la capacidad de conectar con otros, nuevas formas de pensar y vivir. Por lo tanto, también son creativos y estimulantes desafíos que pueden fomentar nuevos descubrimientos y una nueva confianza dentro de nosotros.

Por eso Pillan, en su concentración, en su amonestación para que seamos más conscientes de nuestras elecciones, muestra su rostro sereno y nos mira directamente a los ojos: el Señor de los humanos sabe que podemos superar estos desafíos y, sobre todo, convertirlos en oportunidades para expresar lo mejor de nosotros.

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